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Los bosques del futuro estarán formados por árboles más pequeños

Los bosques del futuro estarán formados por árboles más pequeños

El calentamiento global amenaza a varias especies arbóreas, particularmente a través de los efectos negativos de la sequía, que en las últimas décadas aparecen con mayor frecuencia e intensidad. La buena noticia es que se han reconocido mecanismos mediante los cuales las especies arbóreas serían capaces de reaccionar a los cambios, e incluso se advierte que algunos árboles pueden tener estrategias que los capacitan para hacer frente a la desecación.

La altura de los árboles es una característica esencial que influye directamente en su distribución, y a pesar de que las especies de gran altura son las más estudiadas, la mayoría de especies a nivel mundial son, en efecto, de baja altura. En este artículo, “Cuando la baja estatura es una ventaja para los árboles” (“When short stature is an asset in trees”), se desvía la atención dirigida a la investigación de los grandes árboles para centrarse en los más pequeños.

En este proyecto–financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico Chileno (FONDECYT 1160329)–han colaborado el Dr. Alex Fajardo, investigador y coordinador de la línea de ecosistemas terrestres del CIEP, el Dr. Eliot J.B McIntire, del Servicio de Forestal de Canadá, y el Dr. Mark E. Olson, del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Según afirman los autores, a pesar de que las causas precisas de cómo se alcanza la altura máxima en los árboles están aún en constante debate, las investigaciones realizadas hasta ahora indican que la combinación entre la economía del carbono y los factores hidráulicos aparece como la causa más factible de influir en la altura máxima de los árboles.

Los autores sugieren que los árboles de baja altura están mejor equipados para hacer frente a los efectos negativos del cambio climático debido a dos factores clave que caracterizan a estos árboles: su mayor capacidad de adaptación y una mayor resistencia a la cavitación inducida por la sequía. El primer factor está relacionado con el umbral mínimo de reproducción–menor en los árboles de baja altura que las especies altas; dicho de otra forma, los árboles de baja altura son más precoces y esto significa que tienen más generaciones, para un periodo de tiempo dado, que las especies de gran altura lo que redunda en una mayor probabilidad de mutaciones y de oportunidades de selección natural. El segundo factor se relaciona con el tamaño de los conductos que transportan el agua de las raíces a las hojas (vasos en las angiospermas y traqueidas en las coníferas), que son más estrechos en las especies arbóreas de baja altura, lo que las hace menos vulnerables a la embolia que es la acumulación de burbujas de aire en los conductos y que lleva al bloqueo en el transporte de agua.

Las ventajas comparativas de las especies arbóreas de baja altura se pueden ver también en la relación negativa entre altura máxima de las plantas y la amplitud del nicho ecológico (diversidad de condiciones ambientales donde una especie puede crecer y reproducirse) de éstas.  Por ejemplo, en la Región de Aysén, dos especies arbóreas de baja altura, como lo son el notro (Embothrium coccineum) y el ñirre (Nothofagus antarctica) pueden encontrarse en sitios húmedos e incluso anegados y también en sitios secos, cercanos a la frontera con Argentina.

En conclusión, en el artículo se exponen argumentos que llevan a esperar que los bosques del futuro serán de especies arbóreas de baja altura.