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Fertilización oceánica. La ciencia tiene la palabra. Entrevista al Dr. Rodrigo Torres (CIEP)

CIEP Lunes 10 de Julio del 2017 Noticias

El hierro (Fe), un elemento esencial para la vida, ha estado en el centro de la polémica estos últimos meses debido al proyecto de la fundación canadiense Océanos que pretende “sembrar” hasta 10 toneladas de hierro para generar más fitoplancton y producir un hipotético aumento en la cantidad de peces. Cuestionando esta iniciativa distintas agrupaciones científicas - el Instituto Milenio de Oceanografía (IMO), el Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) y el Núcleo Milenio de Conservación Marina (CCM), entre otras- elaboraron un documento titulado : “10 razones para no realizar una fertilización con hierro con fines comerciales en aguas marinas chilenas”.  El investigador del Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia CIEP e investigador asociado del Centro Ideal, Rodrigo Torres – Magister en Oceanografía y Doctor en química- aborda algunos puntos sobre este tema en la siguiente entrevista.

¿Qué rol cumple el hierro en los océanos?

El hierro es un nutriente esencial para el crecimiento de las algas marinas, y es escaso en amplias regiones oceánicas, limitando así el desarrollo de las algas y de los organismos que directa o indirectamente dependen de ellas.

¿Cuál son las principales fuentes y como se distribuye este nutriente en los océanos?

El hierro es extremadamente abundante en la corteza terrestre y a través delos ríoses transportado hacia al mar. El transporte de polvo desde el continente al mar es particularmente importante, pues las nubes de polvo dispersadas por los vientos puede atravesar océanos. Por ejemplo El Harmattan, un viento que en su tránsito sobre el desierto del Sahara toma finas partículas de polvo diseminándolas sobre el océano Atlántico llegando incluso a las costa norteamericana, o la erupción de un volcán, que libera ceniza volcánica rica en hierro a la atmosfera y finalmente al mar.

Este tipo de procesos fertiliza naturalmente los océanos. Grandes grupos de investigación (Jickells y colaboradores; Science Vol.308, 2005) han sugerido hace más de una década, que el desierto, el viento, el polvo, el hierro, el mar, la fotosíntesis y finalmente la vida están indisolublemente conectados en un conjunto ciclos complejos, que funcionan como engranajes de una entidad: el sistema Tierra.

El sistema Tierra es físicamente heterogéneo, basta con mirar un globo terráqueo. El hemisferio sur es mucho más azul que el hemisferio norte, más aún, en algunas latitudes del hemisferio sur hay sólo agua y se podría navegar a lo largo de un paralelo regresando al mismo lugar sin tocar tierra. En esas latitudes la baja concentración de hierro disponible en mar se asocia a la escaza superficie continental y a la dirección de los vientos predominantes.

Mirando al Pacífico, Chile recibe los prístinos vientos del este, recibiendo y aportado pequeñas cantidades de polvo desde y hacia el océano Pacífico. En el borde suroriental del Pacífico la producción primaria (basada en fotosíntesis) está limitada en algunas áreas por las bajas concentraciones hierro.

¿Qué pasaría si imitáramos ser una tormenta de polvo del desierto (o una erupción volcánica) y fertilizáramos con hierro grandes porciones del océano?

Ciertamente es una pregunta interesante, y algunos aventuran respuestas, algunas de ellas se inclinan por datos positivos, por ejemplo: aumentaría la productividad de las algas microscópicas (diatomeas), los organismos herbívoros y los carnívoros, aumentarían los peces y se reduciría el CO2 atmosférico, aumentarían las pesquerías y la economía de las sociedades costeras mejoraría. Por otro lado, otros investigadores proyectan datos menos alentadores, por ejemplo: la posibilidad que creces can algas toxicas que podrían aumentar la mortandad delos peces, mamíferos marinos y envenenar a los humanos que se alimentan de esos peces, que se agote el oxígeno en capas subsuperficiales y se favorezca la emisión de gases invernadero aún más potentes que el CO2.Lo más probable es quela adición de hierro a un sistema marino donde este elemento es limitado, produzca un cambio en el ecosistema como lo han demostrado una decena de experimentos realizados por equipos de científicos en los últimos años. La mayoría de los expertos advierten que los eventos o fenómenos gatillados por una fertilización artificial son difíciles de observar y de controlar pues el ecosistema marino es extenso, de difícil observación y muy complejo.

La propuesta de fertilizar el mar con Hierro estaría intentando manipular un ciclo natural como si se tratara de un proceso que funciona linealmente. ¿Es una mirada simplista?

La fertilización del mar, con el fin de manipularlo en una dirección definida podría gatillar escenarios que ni siquiera intuimos. Manipular un sistema complejo con una visión y capacidades muy limitadas puede ser muy peligroso, particularmente porque la ignorancia y la promesa de retribuciones económicas puede alentar intervenciones osadas (i.e. de resultados inciertos) en grandes extensiones oceánicas, como lo ha propuesto esta organización y otras empresas. Esto último, enfrenta la visión científica desinteresada -focalizada en desarrollar conocimiento científico, sea cual sea el resultado- y la visión económica ingenieril , focalizada en utilizar el conocimiento científico alcanzado en post de un resultado especifico.

En 2017, CORFO le entregó recursos públicos a la empresa Océanos para realizar esta intervención considerándola un emprendimiento, más que una intervención mayor a un ecosistema natural.  El revuelo que ha causado esta situación en la comunidad científica nacional ha alcanzado esferas internacionales, pero aún es incierto si las autoridades ambientales y marítimas permitirán una intervención de esa magnitud en aguas territoriales chilenas. Las propuestas de utilizar el conocimiento para manipular los ciclos naturales, conocidas como proyectos de “geo-ingeniería” o “bio-geo-ingeniería”, son muchas veces basados en una mirada hiper-simplicada del funcionamiento del sistema Tierra, que dista de la visión científica holística como la descrita en Jickells y colaboradores (Science 308, 2005). Es ciertamente esta visión científica, validada por pares de excelencia, la que se debe considerar para evaluar los riegos envueltos en causar una perturbación ambiental deliberada en la búsqueda de una respuesta ecosistémica específica.

La posibilidad de alterar en forma deliberada un sistema natural  es una posibilidad real  y por ello es un ámbito donde necesitamos movernos con cautela y estar alertas, especialmente cuando nos quieren vender que una eventual fertilización del mar con hierro podría revitalizar las pesquerías. Entender el funcionamiento del sistema Tierra es aún tan rudimentario e imperfecto, que a muchos nos causa espanto que algunos grupos tengan la arrogancia de pensar que pueden manipularlo de una forma controlada y segura, con el fin de solucionar algún problema y obtener algún beneficio.