Estudios levantan información en faenas de pesca de jaiba marmola

por Catalina Espinosa
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* Con el objetivo de desarrollar indicadores que permitan evaluar el estado de explotación del recurso jaiba marmola un equipo de investigadores de CIEP se embarcó durante una semana en la zona sur de Puerto Aguirre.

Recorriendo la zona al sur de Puerto Aguirre en el litoral de Aysén, un grupo de científicas y científicos del Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP) visitaron diversas faenas de pesca, para trabajar, junto a los pescadores artesanales, en la recopilación de información que permita construir indicadores pesqueros y biológicos del recurso jaiba marmola.

Ya es la tercera primavera en la que se lleva a cabo una campaña científica, donde se levanta información sobre esta jaiba,  en el área costera conocida como Playas Largas, ubicada en Isla Melchor, zona costera del Canal Moraleda. Un lugar donde pescadores artesanales extraen este recurso como su principal actividad económica, la cual llevan realizando, en muchos casos, por varias generaciones, oficio que ha permitido conservar la cultura costera.

La investigación forma parte de los objetivos de la Línea Ecosistemas Marinos del CIEP, la cual espera poder seguir con este monitoreo de mediano plazo para hacer un seguimiento de esta pesquería. Gustavo Aedo, uno de los investigadores de esta línea, comenta: “el trabajo se realiza a bordo de embarcaciones artesanales que capturan jaiba marmola, es así como se georreferencia y se calcula la captura comercial (sobre 120 mm) y la bajo talla, luego se eligen al azar una cantidad de individuos entre 300 y 500 para ser pesados, sexados y medidos. Toda esta información es valiosa para luego poder estimar indicadores pesqueros que permiten evaluar el estado de explotación de este recurso, y de esta forma apoyar con información científica la toma de decisiones a nivel regional”. “Hemos elegido la época de primavera para realizar los monitoreos”, agrega Aedo, “ya que es en esta época cuando las hembras liberan sus larvas al medio ambiente”.  El ciclo de vida de esta especie, así como otros recursos, se desarrolla en dos ambientes, en la etapa adulta, en el fondo marino, y luego una etapa larval, en la columna de agua. “Es así como gracias a estas investigaciones, hemos estimado, que en primavera los machos se aparean con las hembras, de manera que desde marzo en adelante se pueden encontrar hembras con huevos en sus abdómenes, y las hembras portan estos huevos hasta que maduran por un período de 5 a 7 meses, luego del cual se libera las larvas al agua y permanecen ahí por unos 3-4 meses para luego asentarse como juveniles en el fondo del mar”, agrega Madeleine Hamamé, investigadora del CIEP”.

Para poder llegar a las zonas de pesca, las y los investigadores deben tomar una embarcación en Puerto Cisnes y navegar entre ocho a diez horas, dependiendo de las condiciones climáticas.  El trabajo oceanográfico se realiza desde esta misma embarcación ya que si bien los datos pesqueros se obtienen en embarcaciones de los pescadores artesanales, se monitorea en paralelo, el estado de la columna de agua. Para ellos se registran datos continuos, como temperatura, conductividad y oxígeno disuelto, desde la superficie hasta 100-150 metros. Junto con esto se colectan muestras de agua con botellas oceanográficas para estimar la concentración de nutrientes, medir la cantidad y tipo de microalgas presentes en el agua, lo que permite luego caracterizar el ecosistema en el que habita este crustáceo.

Toda la información que se obtiene se coloca luego a disposición del Comité de Manejo de Jaibas y Centollas de la Región de Aysén. Cabe destacar que los pescadores artesanales han mantenido una posición favorable asociada a este tipo de información ya que para ellos es importante que se levante desde sus mismas faenas de pesca y, por otro lado, consideran relevante que se obtenga información regional para la toma de decisiones, ya que comúnmente se utiliza de otras regiones.

Forman parte de esta investigación también Paula Ortiz, Rubén Alarcón y Tania Ponce del CIEP, y Luis Miguel Pardo, de la Universidad Austral de Chile.

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